Septiembre 28 de 2012. Poco antes de recibir el tributo del río Lagartococha, las orillas del Aguarico son escarpadas y de sus rojizos barrancos sobresale una maraña de raíces. Un revoloteo capta mi atención y descubro un pajarito cuyo plumaje de tonos parduscos lo hace casi invisible contra el sustrato. Su silbido es casi inaudible…
Antídotos para el olvido
Cuando era niño, hablaba en voz alta conmigo mismo cuando estaba solo, pues tenía pánico de olvidar el uso de las palabras. Luego aprendí a leer y descubrí que los libros no solamente funcionaban como antídoto para esa temida amnesia, sino que además me abrían múltiples caminos para conocer el mundo. Luego combiné la fascinación con la literatura con la exploración de la naturaleza y el trasegar por esas vertientes paralelas hizo necesaria una interacción más activa con la palabra para poder compartir mis experiencias.