Hace doce meses, al enfrentar la súbita desaceleración de la rutina con el abandono de la vida laboral, tomé la decisión de crear esta bitácora digital. Según declaré entonces, el ejercicio impúdico de rumiar en público el manojo de ideas que tenía anotadas en mi libreta sería una forma de conjurar el olvido. Lejos estaba de sospechar en qué vericuetos me metería a partir de ese momento. Todos los viajes, incluso aquellos que conducen a sitios visitados muchas veces son, en esencia, exploraciones. Jamás sabemos de antemano qué sorpresas hallaremos en el camino ni qué descubrimientos nos esperan así hayamos trazado minuciosamente el itinerario o tengamos una agenda rigurosa.

Acostumbrado a registrar el paso de los días en mi diario creí, ingenuamente, que la escritura de estos textos era un soliloquio modulado únicamente por el esfuerzo de manejar el lenguaje con soltura y eficiencia. Quería escribir para aclarar mis ideas y la existencia de un público era, por lo tanto, un beneficio secundario. Pero el ego es traicionero y se esconde incluso en los rincones más visibles de cada uno de nuestros actos. Desde el día en el que inauguré este espacio me sorprendí llevando la cuenta del número de sus visitantes y, a medida que sumé nuevas entradas, no conseguí eludir la tentación de buscar tendencias en esas cifras.
El hallazgo de un número superior al de las pocas decenas de lectores cautivos con los que contaba (aquellos que no tienen más remedio que ojear lo que escribo pues lo envío a sus buzones una vez sale del horno) fue una sorpresa inquietante. Darme cuenta de que ahí afuera hay personas que sin conocerme examinan estos textos, movidas únicamente por la curiosidad, hace que la escritura de un nuevo artículo sea cada vez más difícil. Además de obligarme a cuidar la sintaxis y el estilo, el pudor me hace sopesar ahora con atención obsesiva la escogencia de los temas, las referencias de soporte, las ayudas gráficas y el balance entre la presentación rigurosa de las ideas y la inclusión de reflexiones puramente personales.
Después de una media docena de textos publicados, entendí que ese equilibrio es un elemento que determina en gran medida su legibilidad. Aunque los temas que justifican el nombre del Blog despiertan el interés de algunos lectores, la acogida de cada artículo parece ser mucho más favorable cuando en ellos entrevero anécdotas familiares que consiguen escapar mi autocensura. Después de todo somos unos primates bastante fisgones y, al igual que los monos Gelada que habitan los pastizales de montaña en Etiopía, encontramos en el parloteo la mejor forma de apaciguar nuestra inquietud aún en medio de las ocupaciones diarias.
Esta conclusión me llevó a releer antiguos diarios y archivos olvidados buscando elementos que pudieran apuntalar algunas de las ideas que quería desarrollar en nuevos artículos. Pero aunque desempolvé un par de historias que valió la pena volver a contar, el resultado principal de esta exploración retrospectiva fue un distanciamiento progresivo con esa fuente de información. El encuentro con distintas versiones de mí mismo no fue siempre amable pues a medida que mudamos de piel casi terminamos por desconocer aquellas personas que fuimos en otros tiempos. Conciliar el estilo narrativo que empleo en estos días con el que usaba en el pasado todavía rebasa mis capacidades literarias.
Lo anterior no quiere decir que haya renunciado al intento de usar una forma narrativa que trascienda la reflexión alrededor de un fenómeno natural, un bicho, un paisaje o la historia de las ideas acerca de los seres vivos. Sin embargo, mientras no sea capaz de vencer el pudor para incorporar a lo que escribo muchas de las cosas que guardo en mis libretas polvorientas, los temas dominantes de este Blog seguirán siendo los mismos. Al fin y al cabo, el naturalista que hay en mí ha encontrado una fuente infinita de asombro en la exploración de estas ideas y en la tarea de jugar con las palabras para compartirlas con los lectores.
Por otra parte, además de unos cuantos descubrimientos obvios y otras tantas tribulaciones nimias, el ególatra ejercicio de revisar el número de mis lectores y sus interacciones con cada uno de estos 26 textos iniciales me proporcionó estímulos suficientes para persistir en el empeño de escribirlos. Más de una vez estuve a punto de abandonar la empresa, pero los mensajes esporádicos de los amigos que reclamaban nuevos textos, el reencuentro con antiguos contactos que creí perdidos y la sorpresa de saber que estas páginas eran leídas a través de una vasta geografía me han tenido sentado frente a mi mesa de trabajo a lo largo de estos doce meses.
Ahora estamos nuevamente a mediados de enero, el sol de la tarde resalta incontables tonalidades de verde en el follaje alrededor del lugar en donde escribo y, mientras trato de encontrar una frase adecuada para cerrar esta nueva entrada en mi bitácora, reviso la lista de ideas pendientes que quiero explorar a lo largo de este viaje que apenas empieza.
“Mejor que el prestigio de necias ciudades,/ fábricas de tedio!/ Mejor que el ruido de las Multitudes/ enfermas y planas y tontas,/ –amigo mío, hermano — vamos a la aventura, / vamos a la aventura, / sobre armoniosa nave,/ sobre los pies ligeros!”
León de Greiff (1925)

Es una maravilla leerte Luis, disfruto y aprendo con tus textos , gracias por compartirlos.
🤗
A mi me encanta leerte!
Gracias, Maira.
Siempre es un placer leerte. Entretiene, educa, estimula el pensamiento y agrega información que alegra el conocimiento.
Gracias, Álvaro.
Hola Luis Germán, piensa que si para ti es costoso llevar a cabo nuevos relatos, buscar anécdotas, etc creeme que para nosotros tus lectores es un oasis de agua fresca en medio de la rutina y bien vale la pena esperar otra nueva entrega.
🙏
En efecto, aunque hay mucho de fisgoneo, el blog del “Naturalista en el Antropoceno”, nos ha permitido a los curiosos y a tus “incondicionales”, contar con una fuente de relato mas parecida a la comunicación epistolar entre naturalistas de siglos anteriores, que se ha perdido ante la inmediatez de los “chats”, los “emails” y las publicaciones descontextualizadas en redes sociales. Que no creo sea solo una nostalgia, sino una necesidad.
👍🏻
Que susto !!! Por un instante creí que nos ibas a dejar sin tus mensajes. Pero por suerte seguimos disfrutándolos.
Que bueno comenzar el año compartiendo contigo. Gracias
🤗
Para mí siempre ha sido un placer leerte y es maravilloso seguir haciéndolo. Realmente envidio esa destreza para escribir que posees.
🤗
Que bonito encontrarme esta linda sorpresa, un verdadero placer leerte, un cordial saludo Luis G.
Hola, Andrea! Más aún me alegro yo al saber que me estás leyendo. 🤗