Una vez decantada la euforia que nos produjo la apoteosis de la COP16 de biodiversidad en Cali y que los balances de su celebración, hechos desde distintos ángulos, pueden contrastarse, viene a mi memoria una figura retórica formulada en 1930 por Fernando González, el filósofo de Envigado, para explicar el papel histórico de Simón Bolívar como responsable del despertar del pueblo hispanoamericano. Según el pensador antioqueño, el libertador tenía, desde el principio, la llave de oro del éxito: “saber exactamente lo que se desea, desearlo como el que se ahoga desea el aire, y pagar el precio”.

Quienes formamos parte de la multitud que recorrió, una y otra vez, la zona verde de la COP entramos en una especie de trance durante esas dos semanas, conmovidos por una respuesta colectiva que no esperábamos ni en los más ambiciosos sueños. Constatar que hubo público para absolutamente todos los eventos de la agenda académica de este evento global dio pie a la afirmación hecha por la ministra de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible y presidenta de esta versión de la Conferencia de las Partes, Susana Muhamad, de que esta fue la más grande campaña de educación ambiental de la historia de Colombia.
Con un poco de optimismo, podría pensarse que el millón de asistentes de la COP de la gente fue convocado por el deseo compartido de un futuro biodiverso, justo e incluyente. Y que esa misma aspiración hizo posible que los gobiernos de 31 países, 40 organizaciones y más de 140.000 personas adhirieran a la Coalición Mundial de Paz con la Naturaleza, en una especie de renovación de los votos por el cuidado del planeta hechos en la declaración de Estocolmo en 1972 y la de Río de Janeiro en 1992.
Pero así admitamos que la primera condición de la llave de oro de Fernando González se ha cumplido gracias a estas manifestaciones de fervor colectivo por la conservación de la biodiversidad, cabe cuestionar la profundidad de ese entusiasmo. Seguramente una proporción significativa de los asistentes a los eventos de la zona verde en Cali corresponde a personas con un interés de vieja data en asuntos ambientales, militantes de grupos ecológicos y conservacionistas convencidos. Fue claro que a ellos se sumaron hordas de gente del común, atraídas por la novedad de los temas tratados y por el ambiente festivo que se vivió en este sector de la ciudad. Una vez roto el ensalmo es bien probable que muchos hayan perdido el interés por aquello que los cautivó durante esos días.

De cualquier forma, cabe confiar en que, de los réditos que dejó esta cumbre global, sobresalga el refuerzo del interés colectivo por preservar un mundo rico y diverso. Aparentemente, todos aspiramos lograr la continuidad de las cosas que han sido esenciales para el bienestar de nuestra especie en el largo plazo y, a lo mejor, compartimos una sólida convicción de que, para conseguirlo, es necesario asumir una relación empática y respetuosa con la naturaleza. Lo que no está del todo claro es si estamos dispuestos a asumir los costos que implica ese compromiso y que se traducen en la renuncia a un estilo de vida que ha sido responsable por la triple crisis planetaria en la que estamos sumidos actualmente.
A juzgar por el limitado éxito de las negociaciones de esta cumbre en lo que se refiere a la asignación de los recursos necesarios para revertir la pérdida de biodiversidad y por el reducido número de países que formularon planes concretos para la implementación del marco global de Kunming-Montreal, los estados firmantes del convenio de diversidad biológica no terminan de asumir su parte en la cancelación del costo que implica el cambio de rumbo en la relación con la naturaleza. Muy seguramente lo mismo puede decirse del sector privado pues, a pesar del entusiasmo demostrado por muchas empresas al apoyar la realización de la COP16, el modelo de producción que todavía prevalece es mayoritariamente extractivo y, por lo tanto, en vez de pagar su cuota, incrementa cada vez más sus deudas. Queda pues por ver cuál es la contribución de los ciudadanos de a pie que es la que verdaderamente cuenta.
Acostumbrados a delegar la responsabilidad del manejo ambiental en manos del estado o de organizaciones no gubernamentales, olvidamos que en las nuestras recae la única posibilidad cierta de construir un mundo diferente. Cada uno de nosotros, causa impactos directos e indirectos sobre el medio ambiente con lo que hace, lo que deja de hacer, con las cosas que consume, las decisiones que toma y con la manera de relacionarse con los demás seres vivos. Y si bien las acciones de un individuo a favor del medio ambiente parecen irrisorias, de la suma de intervenciones de los ocho mil millones de personas que habitamos este planeta depende, en últimas, que encontremos la única llave dorada que puede abrir la puerta de un futuro sostenible.
Muy clara la connotación apoteosica y de exaltación alrededor de la CoP 16 del CDB, tambien la necesida de evaluarla ex-post, con la intención de revisar que tanto de ella queda en las formas de consumo y de generación de huellas de carbono, de agua, de energia, etc. Necesario un comentario, sobre la conferencia que el autor del blog y otros, hicimos en la inauguración de la casa Humboldt, alrededor de “La Conservación en el Antropoceno”, por lo inquietante y disruptivo de como fué abordado el tema, pretendiendo transiciones necesarias de paradigmas imperantes pero anquilosados.
Finalmente, hace unos meses, publique en la revista Cambio Colombia, una columna con intereses semejantes, sobre “los costos ocultos de la sostenibilidad”, que no parecen estar en la agenda ambiental, pero que es necesario destapar, en tanto no creo posible “cambios transformativos”, sin tener clara la relación costo beneficio de la sostenibilidad.
Muy amable por su comentario, don Corzo. Tendremos que planear unos conversatorios no institucionales, en línea, para continuar con lo iniciado en la casa Humboldt. No le parece?
No solo me parece, sino que me resultan interesantes, apropiados y oportunos.
En tu ultimo párrafo esta la anhelada Llave de oro. Debemos seguir persistiendo en esos pequeños y grandes cambios que debemos hacer en el diario vivir.
Gracias Luis, apreciamos mucho tus aportes y forma de convocarnos para aportar ese pequeño grano de arena al cambio
🙏