A pesar del distanciamiento contemporáneo de la sociedad con la naturaleza, perviven en la memoria colectiva comportamientos que alguna vez fueron claves para asegurar nuestra supervivencia. Así, el temor atávico a ciertos animales nos ayuda a evitar experiencias desagradables e incluso peligrosas aunque, al mismo tiempo, alimenta la falta de empatía con el mundo natural y contribuye a limitar la curiosidad con respecto a otras formas de vida.

Todos somos capaces de reconocer con facilidad a las avispas, pero muy pocos se aventuran a indagar acerca de sus hábitos ya que vemos en ellas enemigos temibles. Sin embargo, el hecho de que la inmensa mayoría de las más de 100.000 especies conocidas de estos insectos sean capaces de causarnos picaduras dolorosas no revela ningún tipo particular de antagonismo hacia los seres humanos. Cuando un enjambre de avispas se abalanza contra una persona, el fenómeno no es otra cosa que una respuesta instintiva ante la proximidad de un enemigo potencial de las nuevas generaciones que se desarrollan en las celdas de su nido.
Cada colonia de avispas sociales contiene muchos individuos, de varias generaciones, cercanamente emparentados. Tanto los huevos como las larvas en distintas etapas de desarrollo son inermes y, por lo tanto, muy vulnerables a los ataques de animales tales como hormigas legionarias, aves y mamíferos. Desde el punto de vista de un depredador, la concentración de los estadios inmaduros de avispas en un espacio reducido es una tentadora fuente de proteínas y lípidos. La ferocidad de los adultos está entonces plenamente justificada y es un indicador obvio de los extremos a los cuales son capaces de llegar para defender a su progenie.
No obstante, el comportamiento agresivo de las avispas adultas es apenas un elemento disuasor que no garantiza la seguridad de sus nidos y que, además, resulta costoso desde el punto de vista energético y de los riesgos en los que incurren los individuos involucrados en el. En realidad, es un recurso extremo empleado cuando han fallado otros mecanismos más sutiles que forman parte de la batería de defensas desarrollada a lo largo de la historia evolutiva de estos insectos sociales.
“Si contemplamos el aguijón de una abeja…. quizá podemos entender cómo es que su uso causa con tanta frecuencia la muerte del propio insecto: pues si en general el empleo del aguijón es útil a la comunidad social, llenará todos los requisitos de la selección natural aun cuando pueda causar la muerte de algunos de sus miembros.”
Charles Darwin (1859)
El asedio al cual son sometidas las colonias de insectos sociales constituye una presión constante de la selección natural que desencadena un proceso equiparable a una carrera armamentista. A medida que una especie consigue refinar sus mecanismos de protección, sus enemigos potenciales se ven forzados a emplear nuevas tácticas de ataque en su intento por acceder a una fuente de alimento particularmente nutritiva.
Por lo general, las avispas sociales construyen sus nidos en lugares de difícil acceso para distintos animales. Muchos son adheridos a superficies lisas y verticales, otros son construidos en el dosel de árboles muy altos, en el envés de hojas lisas o al extremo de ramas muy delgadas y, con frecuencia, en sitios rodeados de agua. En algunas especies, los avisperos están adheridos al objeto que les sirve de soporte por medio de un delgado pedúnculo relativamente fácil de defender de un atacante pequeño que consiga llegar hasta ellos.
En una región tan diversa como el Neotrópico, la observación de las interacciones de los insectos sociales con otros seres vivos es, por lo tanto, una fuente inagotable de sorpresas fascinantes aún en los entornos más domésticos. A pocos metros de distancia de nuestra casa, por ejemplo, hemos visto crecer, en un árbol de “Moquito” (Henriettea seemanni), un hormiguero perteneciente a una especie del género Azteca cuyos integrantes, al igual que las demás hormigas de ese grupo, defienden con encono los árboles que soportan sus nidos de cartón hechos con una mezcla de saliva y material vegetal.
A medida que sus colonias aumentan de tamaño, las hormigas Azteca instalan nuevas habitaciones para las reinas, sus huevos y sus larvas en otras ramas del mismo árbol, o en otro cercano. Uno de esos nidos satélite apareció, hace un par de años, en otro moquito aún más próximo a nuestra casa y, poco después, observé en su proximidad una estructura muy diferente construida por unas avispas pequeñas que luego identificamos como Polybia emaciata. Intrigado por la vecindad de estos dos insectos, que a pesar de ser tan agresivos no manifestaban ningún tipo de hostilidad mutua, indagué en la literatura acerca de su historia natural´y, aunque solo encontré un par de referencias a las interacciones entre otras dos especies – la hormiga Azteca chartifex y la avispa Polybia ejecta – en Guyana1 y Brasil2, la información presentada en esos artículos sugiere que el drama ecológico que se desarrolla en nuestro jardín puede ser realmente complejo.

En dichos estudios, los investigadores explican la asociación entre los nidos de esas especies como una relación mutualista en la que las hormigas refuerzan su protección contra aves y mamíferos insectívoros y las avispas consiguen evitar las invasiones de hormigas legionarias. La asociación persiste gracias a la tolerancia relativa de las hormigas a la presencia de las avispas quienes a su vez las mantienen a raya al eliminar los rastros de sus feromonas cerca del avispero o mediante ocasionales advertencias con el zumbido intenso de sus alas.
Pero lo más interesante de esta historia es que, además de sus dos protagonistas, intervienen en ella otros actores que muchas veces pasan desapercibidos. Por una parte, la planta que sirve de soporte a los nidos de las hormigas Azteca es mucho más que un sustrato. Sus nectarios brindan azúcares a las hormigas y a otros insectos que son explotados por ellas, por lo que el patrullaje constante de los insectos a lo largo del tronco y de las ramas no solamente defiende a la colonia de posibles depredadores sino que además ayuda a proteger al árbol del ataque de animales herbívoros en contraprestación por los servicios que les brinda.
Y, desde luego, están los enemigos de las avispas, de las hormigas y del árbol. Durante el tiempo que ha transcurrido desde que detectamos la presencia de esta asociación en nuestro jardín, no hemos podido ser testigos del funcionamiento real de esta compleja interacción de defensa mutua. Las únicas reacciones de ambos insectos ante otros organismos que hemos detectado hasta ahora han sido algunos ataques de los que hemos sido víctimas al acercarnos más de lo debido a las colonias y la captura de unas pocas avispas por una piranga abejera (Piranga rubra) a comienzos de la migración otoñal del año pasado.
Aunque es probable que en cualquier momento presenciemos el ataque de algún depredador a cualquiera de ambos nidos, también es plausible que tal cosa no suceda pues cabe suponer que, en un entorno que lleva tan poco tiempo de restauración después de una larga historia de disturbios, ya no estén presentes todas las especies que moldearon el guion de este drama. Pero ante tal incertidumbre, bien vale la pena permanecer atentos pues sabemos que, aún en medio de la tranquilidad de este entorno doméstico, la incesante lucha por la supervivencia de todos los seres que lo habitan no dejará de sorprendernos.
“Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea, la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandiosidad en esta concepción de la vida…”
Charles Darwin (1859)
- Servigne, P., Orivel, J., Azémar, F., Carpenter, J., Dejean, A., & Corbara, B. (2020). An uneasy alliance: a nesting association between aggressive ants and equally fierce social wasps. Insect Science, 27(1), 122-132. ↩︎
- Souza, M. M. D., Pires, E. P., & Prezoto, F. (2013). Nidification of Polybia rejecta (Hymenoptera: Vespidae) associated to Azteca chartifex (Hymenoptera: Formicidae) in a fragment of Atlantic Forest, in the state of Minas Gerais, southeastern Brazil. Biota Neotropica, 13(3), 390-392. ↩︎
En su artículo “De avisperos, hormigas y estrategias de defensa”, Luis Germán Naranjo nos muestra las fascinantes interacciones entre avispas sociales y hormigas del género Azteca. A través de observaciones en su propio jardín, explora cómo estas especies desarrollan estrategias de defensa y relaciones mutualistas para sobrevivir.
El texto nos recuerda la importancia de observar la naturaleza con curiosidad y empatía, destacando cómo incluso en entornos cotidianos ocurren complejas dinámicas ecológicas. Una lectura que nos conecta con la biodiversidad y nos invita a valorar el mundo natural. ¡Gracias, Luis Germán, por esta inspiradora reflexión!