Entre todas las estatuas que se exhiben en el parque arqueológico de San Agustín, en el Huila, siempre me llamó la atención aquella que representa un ave que sostiene una serpiente con el pico y las garras. Más que su belleza minimalista, o el hecho de ser una muestra del imaginario ornitológico precolombino, lo que despertó mi interés particular en la efigie fue que, tanto los guías que acompañan las visitas a los monolitos como distintas publicaciones que los describen, vacilan en el reconocimiento de la especie que pudo inspirar a quienes esculpieron dicho monumento. Unos y otros sugieren que tal vez sea un águila o un búho sin inclinarse a favor de ninguno de tales modelos y, sin embargo, desde que le di el primer vistazo, fui capaz de identificarlo con nombre y apellido. Siempre he estado convencido de que se trata del guaco o halcón reidor (Herpetotheres cachinnans).

Aunque pueda parecer arrogante interpretar un monumento erigido hace más de 1000 años con tal certidumbre, llego a esta conclusión por tres buenas razones. En primer lugar, descarto que el ave representada haya sido un búho o una lechuza pues dichos animales no son reconocidos propiamente como cazadores habituales de serpientes. Al revisar bibliografía sobre la dieta de las especies pertenecientes a estas dos familias de aves que están presentes en el macizo colombiano alrededor de San Agustín, no encontré referencias que indiquen si alguna de ellas consume regularmente dichos reptiles.
Por otra parte, dado que un buen número de rapaces de las familias Accipitridae y Falconidae son depredadores frecuentes de culebras, es parsimonioso afirmar que el ave en el monolito que nos ocupa sea algún miembro de cualquiera de estas dos familias. En una publicación reciente1, su autor cree que tal vez se trate de un águila harpía porque, según el, los animales representados en las figuras zoomorfas de la cultura agustiniana no son de la zona templada sino de las zonas bajas de la Amazonia y porque la aparente cresta que tiene la estatua en su cabeza recuerda a esta poderosa ave.
Esta interpretación resulta plausible, pero también me parece razonable pensar que los escultores de San Agustín también se inspiraron en especies comunes en su territorio. Por eso mi segunda razón para creer que el modelo de la escultura haya sido un guaco se basa precisamente en que, además de encontrarse en esa región, es reconocido ampliamente como un especialista en cazar ofidios. Al respecto, el manual de aves del mundo dice que se alimenta principalmente de serpientes tanto terrestres como arbóreas, que incluye en su dieta especies venenosas como corales y cascabeles y que llega a atacar serpientes grandes.

Por último, el parecido entre el ave de la efigie y el guaco es, a mi parecer, evidente. La figura rechoncha de ambos, la cabeza muy grande comparada con el tamaño del cuerpo y el hecho de que una y otro están adornados por un llamativo antifaz, son motivos más que suficientes para concluir que fue este halcón la especie inmortalizada en el monumento agustiniano.

Empecé a escribir esta nota impulsado por la aparición esporádica de una pareja de guacos en los bosques y rastrojos que rodean “La Pajarera”, siempre anunciada por sus inconfundibles gritos que recuerdan una extraña carcajada. Inicialmente, mi intención era apenas la de comentar la vacilación de los arqueólogos frente a la identidad de la estatua del ave y la serpiente. Pero, al releer algunos textos viejos sobre la cultura prehispánica de San Agustín y buscar nuevas fuentes para documentar mi relato, me llamó la atención la manera tan elaborada con la que distintos autores se han referido al significado del dichoso monolito.
Mientras, por ejemplo, el blog Pueblos Originarios plantea que “posiblemente se trata de la representación del origen de la luz y del fuego, o de un símbolo de poder”, el autor de un artículo que describe una réplica de dicha estatua que se encuentra frente a la escuela de enfermería de la Universidad del Valle en Cali, va aún más lejos en su interpretación:
“….la escultura esquematiza un lenguaje que permite asociar una doble representación de la interacción de dos seres de la naturaleza, cada uno cumpliendo su función, como son ave y reptil, en donde confluyen los principios de orden y acción: la primera representa lo celestial, lo sobrenatural y lo intelectual; y la segunda lo terrenal, la fertilidad y la cotidianidad. El águila sosteniendo con el pico y las garras a la serpiente expresa el ideal cósmico del eterno enfrentamiento de diferentes aspectos de la existencia: la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, la naturaleza y la cultura.”
Si bien es muy probable que al plasmar la efigie de un guaco con su presa quienes esculpieron la estatua quisieran darle un significado simbólico, me llama la atención la elaboración extrema de estas interpretaciones. Por el contrario, los autores de la sección correspondiente a San Agustín de la página “Culturas Indígenas de Colombia”son más parsimoniosos al decir que, además de representar la lucha mortal entre el águila y la serpiente, la estatua “simboliza la oposición dualista de elementos contrarios, una de las constantes en la escultura agustiniana”.
Esta última interpretación, bastante plausible, recuerda además un relato clásico de la etnobotánica colombiana acerca del descubrimiento, a finales del siglo XVIII, de un antídoto vegetal contra la mordedura de serpientes venenosas, hecho por Francisco Javier Matís, el principal ilustrador de la expedición botánica. De acuerdo con esta historia – sobre la cual existe una bibliografía2 considerable – el artista encontró a un esclavo quien le contó sobre su hallazgo de un bejuco que sirve como “contra”, en estos términos3:
“… estando desherbando unas yucas en la hacienda de su amo, vino una águila que nombran guaco, y se paró en un árbol: que estuvo cantando guacó, guacó, etc., y que luego se dejó caer entre el bosque; y oyéndole dar aletazos, le causó curiosidad de ir a ver qué eran dichos aletazos, y vio al águila en acción de coger la culebra, la cual se le prendió, y en el instante levantó el vuelo, y se fue. El negro la siguió para ver dónde iría a caer, y vio que a la ceja del bosque se sentó y comió de las hojas del bejuco guaco, y retrocedió en busca de la culebra, y la halló en el mismo sitio, y la cogió y se la llevó a comérsela a otra parte; que fue el negro y reconoció de las hojas que había comido, y reflexionó: cuando este animal ha comido de este bejuco, buena contra será.”

En este relato es claro cómo, desde hace más de doscientos años, el guaco es reconocido como cazador de serpientes por los pueblos de tierras bajas en Colombia, por lo cual no sería descabellado suponer que los indígenas de la región de San Agustín compartieran dicho conocimiento y que, muy probablemente, atribuyeran poderes especiales al ave por su aparente inmunidad frente a las mordeduras de ofidios venenosos de forma similar a como lo hizo el esclavo de la historia contada por Matís. No deja de ser curioso entonces que en la “lectura” actual de la estatua del ave y la culebra, además del ocultamiento de la identidad del sujeto representado en ella, se ignore algo tan llamativo como los hábitos especialistas del mismo… aunque no debería sorprendernos cuando sabemos que el conocimiento disciplinar ha favorecido siempre la separación de las distintas maneras de interpretar el mundo.
- Oliver, J.R. 2022. Megaliths of the Colombian Andes: Boyacá, Sierra Nevada del Cocuy and San Agustín. Pp. 159-191 En: Luc Laporte, Jean-Marc Large, Laurent Nespoulous, Chris Scarre, Tara Steimer-Herbet (Eds.): Megaliths of the World. Archaeopress. (2022) content downloaded from 185.122.241.142 on Tue, 01 Jul 2025 19:18:12 UTC. ↩︎
- Pinzón, F. M. (2012). Francisco Javier Matís, el negro Pío, un águila y la hoja del guaco: una contranarrativa de la visión espacial de las élites sobre el trópico. Maguaré, 26(1), 41-74. ↩︎
- Vezga, F. ([1860] 1971. La expedición Botánica. Cali: Carvajal & Cía. ↩︎
Excelente! Ni modo de creerles del todo. Soy como Santo Tomás de Aquino: Ver para creer.
Sin embargo, me uno a la interpretación tuya y la siento como la mas cercana.
Súmele a esto, lo que gozo leyéndo sus historias
Gracias, Chaba!!! 😻
Que interesante artículo
🤓
Un águila con una serpiente en sus garras es el fundamento de la civilización Mexica…. Habrá alguna relación…. O mera coincidencia?
Puede ser una coincidencia, aunque no sabemos si la cultura de San Agustín tuvo algún tipo de relación con las culturas mexicanas precolombinas. De todas formas la imagen de un ave rapaz con una serpiente es una poderosa inspiración.
Hola tocayo, que gusto leer tu articulo. Claro que si, esa figura va por el lado del Guacabo, que es otra onomatopeya para ese halcon culebrero. Las coincidencias siempre son divertidas y te comparto el enlace a la recien publicada Guia de las Aves de Tamesis, https://sao.org.co/guia-de-las-aves-de-tamesis/ Alli me invitaron a compartir algo sobre las figuras ornitomorfas de los petroglifos de esa zona del suroeste antioqueño, pag 13-15. “El artista, indígena autóctono, debió conocer muy bien esas aves, pues se esmeró en presentar detalles que esquematizan características de estas dos especies, tanto en formas como en comportamiento.”
Mi epifania interpretativa tuvo mas de serendipia y comparti el material grafico con antropologos y pajareros que conocen muy bien esos petroglifos. Pasame tu correo y te comparto ese material. Lo llame la primera guia de campo de aves antioqueñas. un abrazo
Luis German Olarte
Gracias por tu comentario y por el enlace que me mandaste. Me podes escribir a ludocitrus@gmail.com. Un abrazo.
Es posible que los conocimientos de Milkania guaco como antídoto contra picadas de serpientes, a partir de la apropiacion de la observación de su uso por el Guaco (Herpetotheres sp) hayan impulsado la elaboracion del monolito como un homenaje a una especie que representa el dominio del conocimiento sobre una causa probable de una alta mortalidad en esas comunidades.
Muchas gracias por el comentario, Germán. Yo también creo que la relación entre el bejuco, el halcón reidor y las serpientes es un motivo más que suficiente para justificar una estatua!
Más allá de la significación , cada figura precolombina plantea más preguntas de identificación de un mundo que de todas maneras , existe aún entre nosotros
Gracias por compartir !